En “The Substance”, Coralie Fargeat lleva el ‘body-horror’ a un nuevo nivel, fusionando una feroz crítica feminista con una visión grotesca y estilizada sobre la obsesión por la juventud y la industria del entretenimiento. Con una Demi Moore en uno de los papeles más valientes de su carrera y una magnética Margaret Qualley, la película explora los extremos a los que puede llegar una sociedad que idolatra la perfección física. Este filme, que mezcla el mito de Dr. Jekyll y Mr. Hyde con el deslumbrante mundo de Showgirls, es una experiencia tan perturbadora como catártica.
La historia sigue a Elisabeth Sparkle (Demi Moore), una actriz de Hollywood convertida en anfitriona de un programa de aeróbicos, quien es despedida de la televisión por ser considerada demasiado vieja. Desesperada por recuperar su estatus, acepta formar parte de un misterioso programa de rejuvenecimiento llamado The Substance. Mediante un tratamiento experimental que incluye inyecciones y líquidos fosforescentes, Elisabeth crea una versión más joven, vibrante y perfecta de sí misma: Sue (Margaret Qualley). Ambas comparten un acuerdo siniestro: cada una puede existir por una semana, alternándose entre sí. Pero cuando Sue empieza a extender su tiempo y a consumir más de la energía vital de Elisabeth, el delicado equilibrio entre ambas colapsa, desatando un enfrentamiento tan físico como psicológico por el control de su identidad.

Fargeat, conocida por su ópera prima Revenge (2017), imprime su estilo visual inconfundible con una mezcla de brutalidad gráfica y elegancia cinematográfica. La película está llena de primeros planos hipnóticos y detalles grotescos que recuerdan a maestros del género como David Cronenberg y Brian De Palma. Sin embargo, su enfoque es más accesible y extravagante, adoptando una estética de “grindhouse Kubrick” que combina el lujo visual con una crudeza visceral. La directora también toma inspiración de clásicos del horror corporal como The Thing de John Carpenter y la icónica escena del baño en El resplandor, amplificando la experiencia sensorial con un diseño sonoro intenso y una paleta visual saturada.
Demi Moore entrega una actuación arriesgada y poderosa, encarnando con valentía las inseguridades de una mujer que ha sido descartada por un sistema obsesionado con la juventud. Moore no solo se expone física y emocionalmente, sino que canaliza el miedo y la rabia de generaciones de mujeres que han sido relegadas al envejecer. Por su parte, Margaret Qualley aporta una energía magnética como Sue, una creación tan seductora como aterradora, que encarna el ideal de perfección femenina impuesto por la sociedad. Dennis Quaid, en un papel secundario pero memorable, interpreta al repulsivo ejecutivo televisivo que encarna el machismo estructural que atraviesa la historia.

La película es una exploración visceral de cómo la cultura de la imagen consume a las mujeres, presentando el procedimiento de The Substance como una metáfora inquietante de los sacrificios físicos y emocionales que se exigen para mantener la juventud. Cada transformación es un acto de autodestrucción disfrazado de empoderamiento, y la tensión entre Elisabeth y Sue refleja una lucha más amplia por la autonomía en un mundo que fetichiza la juventud eterna. A medida que avanza el relato, el horror se intensifica hasta alcanzar un clímax estremecedor en la grabación de un especial de Año Nuevo, donde la lucha entre ambas versiones de la protagonista alcanza niveles grotescos e inesperados.
Aunque el filme podría haber reducido su duración (con 140 minutos, es fácilmente 20 minutos más largo de lo necesario), Fargeat se asegura de que cada escena provoque una respuesta visceral en el espectador. Su enfoque satírico no solo critica la cultura de la belleza, sino que expone las fuerzas patriarcales que perpetúan la idea de que el valor de una mujer está ligado a su apariencia física. En este sentido, The Substance no se limita a ser una película de terror: es una declaración de principios en una industria que continúa explotando y desechando a las mujeres cuando dejan de cumplir con un estándar imposible.

En definitiva, The Substance es una obra desafiante y brutal que reinventa el body horror desde una perspectiva feminista. Con una dirección audaz, actuaciones sobresalientes y una estética perturbadora, Coralie Fargeat ofrece una experiencia cinematográfica que es a la vez una pesadilla grotesca y una crítica mordaz a la obsesión por la perfección. Es una película que no solo se queda en la retina, sino que deja una marca imborrable en la conciencia.